La región de Madrid ofrece excelentes vinos, cuyas variedades preferentes son las uvas de Albillo, Garnacha, Malvar y Tempranillo. Reconocidos hace relativamente poco tiempo como Denominación de Origen (concretamente en el año 1990), desde entonces el enoturismo viene desarrollándose en la región y el turista podrá visitar las múltiples bodegas de la Comunidad (mediante el alquiler de vehículos en Madrid) para degustar los caldos y conocer su modo de producción. Pueblos como Arganda, Colmenar de Oreja, San Martín de Valdeiglesias, Navalcarnero o Chinchón cuentan con varias bodegas y algunas de ellas están muy cerca de la ciudad, como las ubicadas en Méntrida.
Oficialmente los vinos de Madrid se dividen en tres zonas: la primera y mayor es la de Arganda, en el sudeste de Madrid, que cuenta con 28 Bodegas. En ella se ofrecen las condiciones óptimas para producir uvas de las variedades Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Garnacha, siendo las variedades Malvar y Airen las más representativas. En la de Navalcarnero, ubicada en el sur de la Comunidad, hay 7 Bodegas donde predominan vinos de uva tinta Garnacha y en menor medida Tempranillo y Cabernet Sauvignon. La tercera es la de San Martín: sus 10 bodegas elaboran aproximadamente el 25 % del total de la producción de los vinos de Madrid.
Todo esto sin olvidar las variadas tapas y la gastronomía local; comience su recorrido en el Mercado de San Miguel, que ofrece una buena muestra de la gastronomía más tradicional así como de las nuevas tapas de diseño. Lugar histórico, fue redefinido recientemente como un “centro de cultura culinaria” que quiere preservar la costumbre del mercado del día a día, ubicado en la esquina de la Calle Mayor con la Cava de San Miguel. Precisamente esta Cava es otro de los puntos interesantes donde parar para visitar sus muchas cuevas y tabernas de camino a las Cavas de La Latina.
La tradición oral nos habla de varias versiones sobre el origen de la tapa: una es la prescripción médica que Alfonso X El Sabio recibió, en el Siglo XIII, de tomar pequeños sorbos de vino durante una enfermedad, de la que se recuperó ingiriendo también pequeñas porciones de comida. La otra nos habla de una imposición del tiempo de los Reyes Católicos, cuando se estableció la medida para paliar los efectos de las tremendas borracheras en las tabernas, que causaban incidentes. En cualquier caso, se trataba de minimizar los efectos nocivos del vino. Hoy la buena tapa pretende armonizar con el vino que la acompaña y potenciar sus cualidades.
Almudena Ortega
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