
Más allá de su histórica fama como el granero de España, la comarca más grande de Europa late hoy con fuerza gracias al turismo sostenible, el vino de tinaja y la conservación ambiental. Desde la imponente Puerta de San Andrés en Villalpando hasta el sobrecogedor silencio del pueblo abandonado de Otero de Sariegos, nos sumergimos en una ruta gastronómica, patrimonial y natural inolvidable.
Las primeras impresiones son las que cuentan. Lo que me ha llenado los ojos al llegar a Tierra de Campos, en Castilla y León, han sido las extensiones de tierra llenas de espigas y amapolas rojas, un paisaje que cada vez se ve menos. Tan ligeras y coloridas, transmiten una alegría inmensa; no es de extrañar que esta zona sea conocida históricamente como «el granero de España».
Es una comarca sorprendente, donde no esperas encontrar todavía ese aire de la España más auténtica. Sus villas narran cómo se ha desarrollado la vida en esta tierra, donde sus habitantes han cultivado durante siglos el cereal, las legumbres y la vid, dando vida a oficios y productos artesanales únicos. Dos ejemplos fascinantes de su historia son la producción de sal en el entorno de Villafáfila durante la Edad del Cobre (2500-1800 a. C.), y la cría de las lampreas en la laguna de las Salinas de Villarrín de Campos, probablemente traídas por los monjes cistercienses de Galicia, un oficio que perduró desde el siglo XII hasta principios del siglo XX.
Zamora: pinceladas de color a orillas del Duero

También en la capital de Zamora, inmersa en estas extensiones de campos, encuentras aquí y allá manchas rojas y azules de amapolas y malva que discurren por los bordes de las carreteras y a lo largo de las orillas del río Duero.
Esta potente extensión de agua que atraviesa la ciudad contiene algún islote lleno de diferentes especies de aves. Uniendo el pasado y el presente, su puente medieval conecta una orilla con la otra, fusionando el casco antiguo con la zona nueva de la ciudad.
Tierra de Campos es la comarca más grande de Europa, y cada zona es totalmente diferente tanto en gastronomía como en patrimonio y cultura. Esta identidad única está firmemente arraigada en sus villas y pueblos que, aun con dificultades de presupuesto, luchan por desarrollar proyectos turísticos, inversiones industriales y la conservación de su valioso patrimonio local.
Villalpando: templarios, adobe y un tesoro por descubrir

Villalpando es un pueblo de gran riqueza histórica donde, en su tiempo, los templarios dejaron su huella. Llegaron en el siglo XII y organizaron una Encomienda, el centro de administración económica para gestionar los bienes y rentas que la Orden poseía en la comarca.
Desafortunadamente, a lo largo de los siglos el pueblo fue perdiendo población. Muchas de sus casas antiguas y parte del patrimonio de las iglesias, construidas con adobe, están prácticamente en ruinas o ya no quedan en pie. Entre ellas se derrumbó la iglesia de San Nicolás de Bari.
Sin embargo, hoy se lucha por rescatar la historia: actualmente tratan de salvar y reconstruir con materiales más resistentes la iglesia tardo románica de San Pedro (siglo XII). El alcalde está muy involucrado en este proyecto de restauración. Tanto es así que quiso enseñarnos la bóveda de la iglesia para que viésemos parte de la vieja estructura mozárabe descubierta en la cúpula, donde se aplicó arte mudéjar en el año 1520. Al más puro estilo Indiana Jones en busca del tesoro, subimos por unas escaleritas empinadas en medio del polvo y de herramientas de trabajo de todo tipo, pero el esfuerzo valió la pena. Además, la iglesia alberga un retablo barroco bellísimo, una joya artística que merece ser puesta en valor.
Por suerte, también se conserva muy bien la Puerta de San Andrés, una de las cuatro entradas a la villa, que en el siglo XII estaba completamente protegida por una muralla.
La Casa del Trotamundos: un oasis de cinco estrellas en Villamayor de Campos

La Casa del Trotamundos, ubicada en Villamayor de Campos, es un hotel rural de cinco estrellas que se presenta como un verdadero bombón escondido. Todas sus habitaciones están decoradas con una temática especial dedicada a un país diferente. En la estancia de África, por ejemplo, sentirás que te alojas en un auténtico lodge en medio de la sabana.
Los propietarios concibieron este proyecto como un espacio donde reunir los recuerdos de los viajes que realizaron por el mundo durante muchos años. Su pasión por la decoración y su buen gusto se reflejan en la mezcla artística de muebles y souvenirs, como unas imponentes puertas de madera traídas de Nepal o una lanza histórica, creando ambientes llenos de historias que encandilan a los huéspedes.
El proyecto ofrece experiencias de agroturismo que incluyen recorridos entre olivos, visitas a bodegas y catas de su propio AOVE premium, «Olivas de Campos», el cual extraen mediante maquinaria de la histórica fábrica italiana Pieralisi. Las aceitunas proceden de 5000 olivos cultivados en seto superintensivo y pertenecen a tres variedades: Siquitita, Picual y Arbequina.
El toque más sorprendente de la estancia lo dan la loba Delta y su hijo Ulises. Criada en familia, Delta tiene ahora 7 años y cuida con esmero de su dueño y de la casa. Aunque muestra una gran afabilidad —llegando incluso a lamerme la mano—, es un animal guardián imponente cuya eficacia en la vigilancia es mejor no poner a prueba.

Finca Volvoreta: tradición, ecología y vino en tinaja

Finca Volvoreta es una pequeña bodega familiar con 500 años de antigüedad que María Alfonso cuida con esmero, guiada por una profunda conciencia sobre la producción sostenible y ecológica. Como es típico en muchos pueblos de la comarca, la bodega está excavada directamente en la tierra y no en piedra. Para protegerla de la lluvia, evitar humedades y prevenir derrumbamientos, se suele construir una pequeña edificación encima que sirve como puerta de entrada.
María es una mujer emprendedora que apostó firmemente por la viticultura ecológica. Su producción ronda las 30.000 botellas al año. Las viñas están distribuidas en unas 14 o 15 hectáreas, con un rendimiento controlado de entre 1000 y 1200 kg por hectárea —muy por debajo del máximo de 7500 kg/ha permitido por la Junta—. Con esto, María busca garantizar la máxima calidad en sus uvas, entre las que cultiva variedades como la tinta de toro autóctona, la garnacha, la variedad blanca autóctona albillo y el moscatel.
Entre sus caldos destaca «L’amphore», un vino tinto sin filtrar que reposa durante un año en tinajas de barro antes de ser embotellado. Esta propuesta exclusiva no se elabora de manera continua y su producción se limita a unas 500 botellas, ya que actualmente se encuentra en fase de investigación para evaluar cómo evoluciona la uva tinta de toro en el barro.
Las Lagunas de Villafáfila: el santuario de las aves esteparias

La Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila es un espacio protegido clave que acoge a multitud de aves migratorias como gansos, grullas, patos y especies procedentes de África que descansan aquí durante sus rutas de emigración.
También es el hogar de la avutarda, una especie esteparia considerada una de las aves voladoras más grandes y pesadas del mundo. Se trata de un animal especialmente sensible a las alteraciones de su hábitat. El equilibrio de las lagunas se enfrenta a importantes retos debido al incremento de la superficie cultivable de secano en Castilla y León y al uso de herbicidas y pesticidas, factores que afectan directamente a la conservación de estas poblaciones de aves.
Al tratarse de humedales estacionales sobre suelo arcilloso, se llenan principalmente con el agua de las lluvias, lo que condiciona de forma directa el éxito de la reproducción de las aves cada año.
Curiosamente, en Villafáfila existe un acuífero de agua salada en plena zona de secano; esta agua proviene originalmente de la cordillera Cantábrica y se mineraliza con sal a lo largo de su recorrido subterráneo.
En el corazón de este entorno natural se encuentra Otero de Sariegos, un pueblo abandonado que funciona como un excelente mirador natural para la observación de aves. En él destacan la iglesia de San Martín de Tours y los restos de antiguas construcciones de adobe. Su último habitante se trasladó a una residencia en el año 2002, dejando atrás un pueblo cuyas casas, poco a poco, se han ido fundiendo de nuevo con la tierra.
Gastronomía local: un viaje a las raíces a través del sabor

A través del vino y la gastronomía podemos explicar una cultura y llegar a sus raíces más profundas. En esta región hay muchísimo que disfrutar: el pichón de Tierra de Campos, un ave silvestre muy cotizada en la alta cocina tanto por chefs locales como franceses; guisos tradicionales de legumbres de la zona y carnes de razas autóctonas de bovino y ovino; productos de la brasa y la caza; delicias como la morcilla, el morro, la oreja de cerdo, embutidos artesanos y quesos de leche cruda, todo ello acompañado siempre por un excelente pan de la tierra.
Para el broche final, la repostería local ofrece bocados riquísimos. Destacan las aceitadas zamoranas, un dulce típico de Semana Santa elaborado con aceite de oliva (ya que en esa época de vigilia no se podían consumir derivados animales). También sobresalen los hojaldres artesanos rellenos de chocolate o de cabello de ángel, las almendras garrapiñadas y unas galletas llamadas «feos», de una conocida pastelería artesanal de Villalpando.
Fusión cultural en Villafrechós

En Villafrechós encontramos una historia culinaria fascinante. Hanna Bernaki, una chef originaria de Marruecos, está al frente desde hace dos años del Restaurante Bodega El Baluarte, ubicado en las sugerentes mazmorras del antiguo baluarte del castillo del pueblo.
Hanna propone una carta que une tradición e innovación, fusionando los ingredientes locales con recetas de su país natal. Domina como nadie la preparación del cabrito lechal de la zona con ciruelas y almendras en el tajine (la tradicional olla de barro del norte de África con tapa cónica). Para terminar la experiencia, si te apetece, te prepara un auténtico té a la menta acompañado de deliciosos pastelitos marroquíes hechos por ella misma. ¡Una combinación espectacular!
El valor del silencio y los tesoros del pasado

Tierra de Campos es un viaje obligatorio para desconectar y descubrir los encantos que nos aguardan en esta región central de España. Aquí se pasea por las callejuelas y las plazas con absoluta tranquilidad; el silencio es el rey. Los sentidos lo notan de inmediato: es el reverso perfecto al caos que nos agita de la mañana a la noche en las grandes ciudades, repletas de coches y ruidos. Los oídos lo agradecen y la mente, por fin, descansa.
Además de su naturaleza, la comarca atesora museos, castillos, iglesias y palacios de varias épocas, incluyendo valiosos testimonios de las culturas judía y musulmana. Entre estas joyas del pasado destacan las antiguas Aceñas de Zamora, situadas justo en el margen del río Duero, o un baño ritual para las abluciones de purificación de la época judía. Este último está excavado directamente en la roca en el interior de un palacio del siglo XVI, construido sobre los cimientos de una antigua casa hebrea, que hoy funciona como un hotel histórico que acoge a muchos peregrinos del Camino de Santiago.
Por su parte, el Museo de Zamora, ubicado en el Palacio del Cordón, custodia el fascinante Tesoro de Arrabalde: una auténtica cápsula del tiempo que muestra la riqueza de los pueblos astures y su desesperado intento por protegerla del avance de las legiones romanas. El museo también exhibe piezas arqueológicas tan importantes como un aplique de carro del siglo IV d. C. con las figuras de un caballo y un filósofo (hallado entre Cañizo de Campos y Villafáfila), o una sorprendente pizarra del siglo X con una inscripción mágica que se utilizaba para conjurar granizos y tormentas, encontrada en Fuente Encalada.
Y, por sobre todas las cosas, Tierra de Campos es un lugar humano. Un rincón donde aún puedes charlar tranquilamente en una taberna con el cocinero mientras te prepara un buen pincho de morcilla zamorana o una tapa de oreja a la brasa y, al terminar, ¡te invita a un chupito de crema de orujo!
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