tuber aestivum
Si la más famosa de las trufas negras es la de Perigord, hay otra igualmente perfumada y apreciada por los gourmets, la trufa de Borgoña, de piel oscura y asperezas con gran forma de diamante, corte y color veteado café; el olor es menos intenso que la trufa de invierno negra, pero ofrece un delicado sabor a avellana.
Después de analizar 82 muestras de trufa de Borgoña (Tuber aestivum) de toda Europa, los investigadores informaron recientemente a través de la revista científica internacional Biogeosciences Discussions que esta codiciada delicia contenía concentraciones insignificantes de cesio-137 radiactivo.
Algunas especies de hongos, incluyendo ciertas setas, absorben elementos radiactivos de la suciedad. El  desastre de Chernobyl del año 1986 contaminó grandes extensiones de suelos europeos con cesio-137 provocando la preocupación de que las trufas podrían convertirse en radiactivas. El trabajo aclara cualquier duda al respecto sea a los buscadores de trufas de Borgoña que a los consumidores y conocedores de todo el mundo, escriben los investigadores.